Ella miró a Flavia, se levantó del suelo y la enfrentó con firmeza:
—Yo solo me preocupo por mi hermano, ¿qué me importan los demás? Señora Nieves, ya lo sabe, Urso y yo nos vamos a comprometer de inmediato. ¡Cumpla con su palabra!
Flavia se cubrió la boca con una risa ligera. Sus ojos mostraban un desprecio arrogante mientras observaba a Lorena con desdén:
—De hecho, debo agradecerte. Todo este tiempo mantuviste a Domenico distraído, enfocado en ti y en Urso.
El corazón de Lorena dio un vuelco,