En la mansión hacía un poco de frío.
Solo cuando entraron en el coche Urso dijo débilmente:
—¿No quieres irte?
—No, tengo que ser educada, ¿y si tu padre se echa atrás en ayudarme?
¡Lorena sabía ser educada!
Urso sonrió: —Es la primera vez que mi padre tiene tanta paciencia con una chica, y ha sido incluso más generoso contigo que con Sara.
—Generalmente no come con nosotros. Hoy lo hizo por ti.
Lorena arrugó la nariz.
«¿Le importo tanto?»
Hizo una pausa y dijo: —¡Quizá tu padre sepa ser educado