Domenico miró a Lorena con expresión compleja y seria.
Lorena entró en el despacho y se sentó con una sonrisa perfectamente educada.
—Sr. Nieves.
En este punto se mostró un poco aprensiva y cautelosa.
Las cejas de Doménico se fruncieron con algunos escalofríos.
—¿Quién te envía?
Lorena se quedó helada, —El mayordomo...
Domenico frunció los labios, con voz dura y contundente: —Lo que pregunto es: ¿quién te ha dicho que te acerques a Urso?
Lorena se ruborizó ligeramente.
En ese momento comprendió