Cuando llegaron, ninguna de las dos personas salió del coche.
Urso miró la hora.
—Es muy tarde, ¿por qué no te quedas conmigo esta noche?
El corazón de Lorena aleteó, lleno de resistencia.
—No, vuelvo al hotel.
Urso arrugó el entrecejo, aún con paciencia y dulzura le dijo: —El chófer va a salir del trabajo. Además, estoy herido, tienes que cuidarme, ¡será más conveniente que te quedes!
Pero Lorena pensó demasiado.
Solo se conocían desde hacía unos días, y él quería quedarse con ella, ¡era simple