Diciendo, se dirigió al despacho, pero con los guardias de seguridad, Jorge no pudo entrar.
No pudo evitar abrir la boca y maldecir con voz aguda y fina:
—Lorena, ¿de qué estás orgullosa? Sólo eres una mujer que nadie quiere, no creas que yo no sepa que te metiste en el asunto de ayer, perdiste a tu propio hombre y andas por todas partes, ¡mereces que nadie te quiera!
No sabía que Juan también participó, pensaba que era Lorena gastando dinero para vengarse de él.
Lorena no quiso hacer caso a est