No era nada grave.
Asintió levemente, se comportaba de forma educada, pero no cortés:
—Por favor, señorita Suárez.
Lorena asintió y lo llevó a su coche.
Ella conducía, Polo no se sentó atrás y eligió el asiento del copiloto.
Era sólo que los dos estaban tan cerca que ella podía oler su aroma, y sintió un poco de incomodidad.
Hubo un momento de silencio.
Polo la miró de reojo, enganchó suavemente los labios, con aspecto despreocupado durante unos instantes, mostrando su actos de amistad:
—Señorit