Capítulo 40
No era nada grave.

Asintió levemente, se comportaba de forma educada, pero no cortés:

—Por favor, señorita Suárez.

Lorena asintió y lo llevó a su coche.

Ella conducía, Polo no se sentó atrás y eligió el asiento del copiloto.

Era sólo que los dos estaban tan cerca que ella podía oler su aroma, y sintió un poco de incomodidad.

Hubo un momento de silencio.

Polo la miró de reojo, enganchó suavemente los labios, con aspecto despreocupado durante unos instantes, mostrando su actos de amistad:

—Señorit
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