Elena levantó la barbilla y sonrió a Luis, —Anda, te está esperando, se llevará un chasco si no le haces caso.
Luis miró a la mujer que estaba a poca distancia mirando hacia él, arrugando la nariz.
No se acercó y dijo débilmente: —¿Qué pulsera te gusta? Te la regalo.
Cambió de tema.
Elena, que llevaba su bolso, dejó escapar una ligera carcajada y lanzó una mirada despectiva a Natalia, —No hace falta, tengo dinero y no dependo de los hombres.
Sonrió y tiró de Lorena, la pulsera era solo una