La mano extendida de Susana tembló ligeramente, y miró hacia atrás con un rostro espantoso, los labios sin sangre:
—Yo ...... intenté atraparla, pero no pude, Juan, ¡yo ... la maté!
Estaba vulnerable, como si pudiera desmayarse en un instante.
Juan se acercó corriendo y miró hacia abajo, su rostro hosco era como el hielo, su mirada era fría.
La mujer estaba muerta, con sangre por todo el cuerpo, sin posibilidad de sobrevivir.
Al instante, varias personas se habían reunido abajo para ver.
Susana