El rostro de Juan se hundió, su mirada era profunda y oscura, su mano sosteniendo la manzana dando un ligero respingo.
Parecía que en su frente también se había acumulado un atisbo de intolerancia.
Lorena miró fijamente a los dos hombres que tenía delante y se rió por lo bajo:
—Por favor, salgan fuera para hablar, ya es un castigo verlos.
Juan la miró profundamente, con sus finos labios fruncidos, y luego se levantó.
Se acercó y le alisó las mantas a Lorena, e intentó cepillarle el pelo, pero Lo