Aurora se olvidó repentinamente:
—Ah sí, esa mujer estuvo un rato en la habitación antes de irse, ¡debe haber sido ella!
—¿Susana?
Juan se quedó un poco sorprendido, sin apoder creérselo.
Lorena se quedó parada, recuperando la compostura, presumiblemente recelosa de su asistente por la forma en que acababa de reaccionar.
Habló en tono indiferente:
—Si somos nosotros tres, no tiene sentido perseguir a esa mujer, ¿verdad?
Juan le dirigió una mirada complicada.
Las venas de sus brazos se tensaron,