El hombre de asiento de conductor pasó rápidamente ante sus ojos.
Lorena no pudo ver bien su rostro completo, pero destacaban su pelo negro rizado y el lunar oscuro de su costado.
Se puso demasiado blanca, y sin tiempo de dudar, corrió presa del pánico:
—Abuelos ...
Sacó su teléfono móvil y llamó temblorosamente al número de emergencias, después volvió a llamar tranquilamente a la policía.
Pero podía sentir cómo le sudaban las palmas de las manos, cómo la inquietud se extendía por todo el cuerpo