El nerviosismo de aquellos hombres era inminente. Habían sido capturados por la “policía” en un país extranjero. La incertidumbre los envolvía, y el no saber lo que iba a pasar a continuación los estaba consumiendo. Todos estaban nerviosos, preguntándose internamente mil cosas que por ese momento no tenían respuesta. Gómez, sin embargo, no parecía estar perturbado. No era ningún estúpido, esos hombres que los habían capturado, no eran policías estadounidenses, y podía apostar su vida sin temor