El manto de la noche cubría la ciudad que se hallaba completamente ajena a todo lo que estaba pasando en la mansión Morgan que se encontraba a las afueras. Los amplios campos y bastos valles, se hallaban ennegrecidos por la oscuridad que ya reinaba en aquellos lares. El silencio reinante de la fría madrugada, se había visto perturbado por el sonido de cristales rompiéndose, aunque nadie más que los perpetradores, había escuchado aquel estruendo. De vuelta al sigilo, el líder de ellos hacia una