El hermoso fin de semana en el paraíso había terminado, sin embargo, Emma aun sentía sus pies sobre las nubes. Dante había nombrado a un yate con su nombre, además, de hacerle pasar los momentos más maravillosos que había vivido hasta ese momento. Aun podía sentir la brisa salina acariciando sus mejillas, y los recuerdos de esos mágicos días, eran algo que, sin duda alguna, no olvidaría jamás.
Abriendo los ojos, pudo ver el techo blanco de su alcoba matrimonial, y sentir el cuerpo de su esposo