—Tiene usted razón, es lo que deseo hacer y lo haré —respondió Berenice, y fingiendo tristeza, bajó la cabeza mientras se pasaba una mano para secar una lágrima—, pero es que me urge hablar con ella, usted debe saber que su madre está en una clínica, ¿verdad? ¿Usted la ha visto?
—Sí, lo sé, la vi una vez —respondió Teresa con simpleza, no quería darle información de más a aquella mujer.
Los hombros de Berenice cayeron mientras negaba con la cabeza, como si lo que dijo, o algo que estaba pensa