—¡Mírame a la cara cuando te hablo, imbécil!— ladró Brishen mientras la tomaba con fuerza por la barbilla.—¿Qué demonios pretendes hacer ahora?¿Qué demonios te ha dicho él que hagas?
Verlo así de enfurecido, le daba miedo. De haber podido, Xamara habría gritado. Pero, al parecer, no se encontraba lo suficientemente aterrada como para olvidarse del peligroso cuchillo que seguía amenazando su garganta.
Él hablaba en serio. Él ya había conseguido entender la mitad de las cosas que ella se propon