(POV Kyler)
Regresé al refugio de mi habitación, pero no para dormir. El silencio del lugar, que antes me resultaba reconfortante, ahora me asfixiaba como una mortaja. Mis amigos habían construido una muralla de lógica, pero se habían olvidado de un detalle: la lógica no puede explicar por qué el corazón late con violencia ante un nombre, ni por qué la piel arde con un recuerdo que la mente no puede visualizar.
Encendí la pequeña lámpara de mi escritorio. La cinta de seda descansaba sobre la ma