(POV Kyler)
La habitación del hotel estaba sumida en una penumbra azulada, apenas iluminada por el resplandor de las farolas que se filtraba por las cortinas entreabiertas. El aire acondicionado zumbaba suavemente, pero el calor que emanaba de nuestras pieles era lo único que llenaba el espacio. Después de lo de la iglesia, no pudimos separarnos. Necesitábamos un refugio, un lugar donde el tiempo se detuviera y Bruno Ricci fuera solo un mal recuerdo. Habíamos hecho el amor toda la noche, una y