(POV kyler )
La catedral estaba sumida en un silencio sepulcral, roto solo por el crepitar de algunas velas que se consumían en los candelabros de bronce. El olor a incienso y cera fría me resultaba ahora insoportable; era el aroma de mi propia farsa. Tras la charla con Connor y los demás, la verdad me golpeaba las sienes como un martillo: Bruno Ricci había intentado matarme, mis amigos me habían ocultado mi vida y la mujer que amaba estaba cargando sola con nuestro hijo.
Me encontraba frente a