(POV )
Había pasado una semana desde que vi a los niños en el parque. Una semana de silencios pesados en la parroquia, de oraciones que se sentían como ceniza en la boca y de una vigilancia constante sobre la mansión Ricci. Había aprendido sus rutinas. Sabía que los jueves, Isabella llevaba a los niños al mismo parque cerca del mediodía.
Hoy, el cielo estaba despejado, pero mi pecho era una tormenta de nervios. Aparqué lejos y caminé con paso firme. A lo lejos, vi el grupo: Connor, Liam y Noah