Sin él, el estudio era una habitación amplia y despejada, con mucho espacio vacío. Había gotas y manchas de pintura seca por el suelo, que podían llevar allí una semana o un año, y un pequeño fregadero en una de las esquinas, con una toalla dejada de forma descuidada en el borde.
También había unas estanterías y una mesa de trabajo, sobre las que había esparcido todo tipo de material de pintura: jarros llenos de pinceles, espátulas, carboncillos, trapos… igual que en Colorado, Kevin había amont