Hacía mucho tiempo que no había sido sólo una mujer enamorada.
De pie frente al espejo del cuarto de baño, que estaba empañado con el vaho de la ducha, pensó que en ese momento parecía muy femenina. El camisón que llevaba era de un tono azul muy claro, casi blanco, y lo había elegido porque le había recordado a la nieve de las montañas en Colorado. Tenía unos pequeños tirantes y un corpiño de encaje, y al pasar la mano por encima experimentalmente, comprobó de nuevo la suavidad y la finura del