Adriel fue al hospital. No para ver a su madre. Fue a encontrar a la persona que lo llamó y le mintió. La mujer le dijo que Ana estaba grave. Que las próximas horas eran críticas. Mentira.
Entró con paso firme. El eco de sus zapatos retumbó en el vestíbulo del hospital. El sonido duro. Metálico. Cada paso marcado con intención. No saludó. No pidió permiso. No perdió tiempo.
—Busco a la enfermera que llamó hace una hora desde la extensión de la habitación 304. —Dijo en recepción. La voz seca. Au