Adriel no aguantaba el dolor de cabeza. La presión le apretaba las sienes como un torno. El estrés. La falta de sueño. La preocupación constante. Todo se le juntó en una masa pesada detrás de los ojos.
Se frotó el puente de la nariz. Cerró los ojos. Los dedos presionaron con fuerza. Como si pudiera expulsar el dolor físicamente.
Mía lo miraba desde el otro extremo de la sala. Sentada en el sofá. El bastón recargado contra el brazo. Se sentía mal por su situación. Por él.
Las cosas pasaron como