Las pistas eran nulas. El rastro terminó en la nada.
Adriel estaba de pie frente al auto abandonado. Negro. Vidrios polarizados. Las puertas abiertas. El interior vacío.
Lo encontraron en un terreno abandonado. A las afueras de la ciudad. Rodeado de maleza. Sin testigos. Sin cámaras cercanas.
No había rastro de ella. De Stephanie. Ni sangre. Ni señales de lucha. Nada.
Como si se la hubiera tragado la tierra.
Los técnicos forenses revisaban cada centímetro. Buscaban huellas. Fibras. ADN. C