78 La madre de mis hijos...
Mía no pudo soltar el celular. Los dedos le temblaron ligeramente. La pantalla brillaba. La voz desesperada de Juliana se repetía en su mente.
Parpadeó al ver frente a ella la fachada del hospital. Grande. Imponente. Blanca bajo el sol.
Adriel salió del coche. Le abrió la puerta. Se inclinó hacia ella para sacarla del asiento del copiloto. Su mano grande la agarró de la cadera. La sacó con la facilidad con la que se carga una muñequita hecha de plumas.
—No necesito ayuda. —Se quejó. El calor de