Adriel se notaba desesperado en su oficina.
Sabía que Mía había dado a luz en un hospital medianamente adecuado.
Su gente le había informado todo.
Gemelos. Prematuros. En cuidados intensivos.
Y Tomás Arce ahí. Como siempre. El héroe. El salvador.
Adriel apretó los puños sobre el escritorio.
Intuía que Tomás tuvo que ver con el parto prematuro. Demasiada coincidencia. Demasiado conveniente.
Pero no tenía pruebas.
Y aunque las tuviera, ese imbécil de Tomás era un experto en fingir demencia. De se