El doctor Méndez firmó los papeles de alta.
—Puede irse a casa. —Entregó las hojas a Mía—. Pero recuerde: reposo absoluto. Nada de esfuerzos. La herida de la cesárea necesita sanar.
Mía asintió. Tomó los papeles con manos temblorosas.
—¿Y mis bebés?
—Los mantendremos en observación. Mínimo seis semanas más. —El doctor se quitó los lentes—. Puede visitarlos cuando quiera. Pero usted necesita descansar.
Mía bajó la mirada.
—Entiendo.
Juliana la ayudó a vestirse. Pantalones holgados. Blusa suelta.