La casa ya no parecía la misma. Aunque era el mismo color de las paredes, los mismos adornos y hasta el mismo aroma.
El silencio no significaba paz.
Mía lo supo desde el primer momento en que cruzó la puerta, rodeada por personal médico y hombres armados con cara de pocos amigos.
Personal médico en cada turno. Medicamentos organizados con precisión. Equipos discretos instalados en la habitación que antes solo había sido un espacio íntimo.
Ahora era otra cosa. Un lugar vigilado. Un lugar protegi