Elisa detuvo el beso. Leander observó su gesto, parecía negada a cualquier caricia que èl quisiera comenzar.
«¿Me rechaza? ¿O es que no nos conocemos? Es mi esposa después de todo», pensó.
—Hasta mañana —dijo èl y se giró a dormir.
Elisa se puso nerviosa, se quedó quieta.
«No puedo estar con èl», pensó.
Al día siguiente.
La familia se reunió para desayunar.
—¡Es ridículo que pierdas el tiempo con eso, Leander! Tu mujer no debe perder el tiempo en ese tipo de obras —dijo Sonia.
El abuelo se sen