Elisa temblaba de miedo, miraba a todos lados, estaba sola en esa celda, hacía frío, las lágrimas rebotaban, pero las limpió.
No entendía nada, en su mente todo pasó tan rápido. ¿Cómo podía enfrentar el mismo destino dos veces? Eso no tenìa sentido, eso no era justo.
Maldijo su suerte. Sollozo con amargura.
«¿Por qué fui tan estúpida? ¿Por qué no lo pensé antes? Debí llamar a Rafael, ellos son los asesinos. Leander lo sabía todo, ¡no, no puede ser! Claro que era su vida, quería salvar su vida, ¿