Ana tenìa miedo, Gustavo apuntaba, Piero quiso salir, pero Ana lo detuvo.
—¡No, Piero! —gritó Ana desesperada
Piero y Ana se miraron, sus corazones latían demasiado fuerte, él tomó su mano.
—Lo siento, Ana.
Escucharon un disparo.
***
Cuando Rafael abrió los ojos, mirò a Valeria, sonriò.
«Ella no es una traidora, ¿Cómo pude pensar tan mal de ella?», pensó, mientras acariciaba su rostro.
Rafael besó su frente, cuando se levantó, ella se giró de espaldas, èl pudo ver las ligeras manchas rojizas en