Al día siguiente.
Leander y Ana desayunaron juntos.
—No me gusta verte cerca de Piero, pero al menos él te salvó, debes agradecerle.
—¿Qué? ¡Claro que no!
—Ana…
Ana rodó los ojos.
—No puedo creer lo que mi madre hizo, cada vez está màs loca, Ana, no vuelvas a casa, quédate aquí conmigo, hablaré con el abuelo, lo haré entender la verdad.
Ana asintió.
Luego, Leander se despidió, debían ir a la primera sesión de consejería, estaba muy animado.
***
Leander esperaba afuera del consultorio, vio llegar