—¡Suéltame, me estás lastimando! —grité con la voz quebrada, cerrando los ojos con fuerza mientras intentaba apartarlo de mí.
Jhon aflojó sus dedos de mi cuello, solo para sujetarme con brutalidad de las muñecas. Su mirada, antes humana, ahora estaba vacía, opaca, como si algo dentro de él se hubiera roto para siempre.
—¿Eso te duele? —susurró con una sonrisa torcida—. No hagas como si fueras inocente, Katherine... Las zorritas como tú siempre se hacen las víctimas.
Intenté contener las lágrima