El teléfono vibró contra la madera del escritorio.
Evelyn detuvo sus dedos sobre el teclado. La pantalla de su portátil reflejaba una página en blanco, pero su atención se desvió de inmediato hacia la pantalla encendida del móvil. El nombre de Sophie parpadeaba en letras blancas sobre fondo oscuro.
Evelyn contestó al segundo toque. El plástico del aparato estaba frío contra su oreja.
—Ganamos.
Fueron solo tres sílabas.
Pero la voz de Sophie al teléfono tenía ese sonido específico del llanto que