La mañana del domingo llegó sin drama.
Sin tormentas ni señales. Solo una mañana de finales de marzo con sol bajo y frío seco, el tipo de frío que limpia el aire de todo lo que sobra y deja el cielo con una claridad casi dolorosa.
Evelyn se miró en el espejo del baño a las siete en punto.
La cicatriz sobre el pómulo derecho ya era fina, casi invisible. Pero visible si sabías buscarla. En dos meses desaparecería. Hoy estaba ahí, y hoy era parte de la historia que iba a contar.
Diana había llegad