Nunca había escuchado esto.
Nathan estaba de pie en el umbral de la habitación de Helena. La mano derecha apoyada contra el marco de madera. Los nudillos, blancos.
La cama estaba hecha.
Las almohadas, alineadas con la precisión milimétrica que solo Helena podía imponerle a las cosas inanimadas. La colcha sin una sola arruga. La cama de alguien que se fue con orden, con intención, sin dejar ningún accidente que necesitara ser recogido.
La pared de recortes estaba intacta.
Los mapas climáticos. L