El penthouse necesitaba una segunda mesa.
Helena lo había decidido en noviembre con la anticipación habitual: evaluación del espacio disponible, cálculo de asistentes confirmados y proyectados, conclusión arquitectónica inapelable.
—Una mesa no es suficiente —había dicho, con el plano improvisado del comedor extendido sobre la cocina—. El problema no es el espacio. El problema es la disposición. Si reorganizamos la entrada, cabe una segunda mesa de ocho plazas sin comprometer los flujos de circ