Las cuatro de la mañana del martes.
Décima vez esta semana.
Evelyn estaba de pie junto a la cuna de Helena con la mano a cinco centímetros de la espalda de la niña, sin tocarla. El monitor verde en la mesilla. La luz parpadeante del sensor de temperatura. La pantalla pequeña que mostraba, con una precisión que no debería ofrecer margen de duda, que todo estaba perfectamente bien.
Helena respiraba.
Lo veía en el movimiento de la camiseta. Lo escuchaba en el sonido suave y regular que llenaba el