El lunes a las nueve de la mañana, Madison envió la imagen.
Un solo archivo. Sin mensaje adjunto. Sin explicación.
No necesitaba ninguna.
Era una fotografía tomada con teléfono, ligeramente inclinada, con la iluminación imperfecta de alguien que fotografía algo con rapidez y con miedo de que la descubran. Una página de historial médico con el membrete de una clínica privada en Greenwich. El nombre de la paciente en la parte superior: Victoria Ashford. Y debajo, en columnas ordenadas, fechas y d