Leo recibió la carta de la escuela de gastronomía un viernes de septiembre.
No avisó de inmediato. Nathan lo supo porque el teléfono vibró a las siete de la tarde con un mensaje de una sola línea y sin puntuación: me aceptaron. La economía de las buenas noticias que ya se esperaban pero cuya llegada sigue siendo real y necesita ser dicha de todas formas.
Nathan fue al estudio de Evelyn. Le mostró el teléfono.
Evelyn leyó las dos palabras.
—¿Para cuándo empieza? —preguntó.
—No dice más. Llamará.