Isabella
La cafetería estaba atestada de gente. Las voces se entremezclaban en un murmullo constante, salpicado de risas y el sonido de cucharillas tintineando contra las tazas de porcelana. El aroma a café recién molido y pan recién horneado flotaba en el aire, envolviéndonos en una calidez reconfortante que contrastaba con la conversación que estábamos teniendo.
Yo, por mi parte, apenas podía contener la risa. Valeria, con los brazos cruzados y una expresión de fastidio, me miraba como si qui