Al amanecer, ellos juntaron los cadáveres de los muertos de Cirius, y los prendieron en fuego. Más a sus muertos los enterraron, curaron a los heridos, mientras otros fueron operados para poder sacarle la plata de su sus cuerpos.
—El alfa nos necesita— vociferó Arlo, mientras se limpiaba las manos sucias de sangre.
—Hay que ir por él—, pero sabían que ir directamente a la manada era un suicido.
—Si vamos, estamos claros de que no vamos a sobrevivir, la mayoría de nosotros están muertos, cuantos