Las personas se reúnen en la plaza, asombrados, viendo los cadáveres que llegaban en carretas por los hombres de Ronan.
—¡Por la diosa!— decían unos alarmados.
—¡Qué barbaridad!— decían otros. Y muchos lloraban viendo la cantidad de mujeres y niños un poco mayores de cinco años descuartizados y desnudos.
Ronan llegó escoltado de lobos al lugar de los hechos, todos los abrieron paso. Estaba vestido de negro y con su cara neutra y con un pañuelo tapaba su boca, negando mientras observaba la trag