—¿A dónde nos llevan?— se escuchan los llantos de los niños y mujeres que estaban siendo movilizados a otro lugar con los ojos vendados. Alastor no los quiso llevar a su manada, pues no quería que jade se diera cuenta aún de que había destrozado la manada a la que pertenecía. En cambio, los iba a encerrar en una cárcel que construyó hace mucho tiempo en los tiempos de su reinado como alfa legítimo y dueño de una manada próspera, como lo fue por muchas generaciones la luna blanca.
Él sabía que