—¡Maldita sea!— corro nuevamente a Cirius y me adentro sigilosamente; por desgracia hay un lobo custodiado el balcón de su habitación desde la planta baja y no tengo más remedio que saltar sobre él y desgarrar su cabeza sin hacer ruido. Le rasguño el pecho y los brazos, así empezaría a causar un poco de terror, ellos necesitan sentir miedo nuevamente. Subo por el balcón y entro a la habitación.
Mi cuerpo se queda pasmado ante la escena de jade en la bañera y su sangre derramada por montones en