Svetlana estaba de pie, con el teléfono pegado a su oído, escuchando atentamente las palabras del otro lado de la línea. Sus ojos se entrecerraron ligeramente, mientras procesaba lo que le decía. Cada palabra resonaba en su cabeza, y aunque su rostro permanecía imperturbable, algo en su postura revelaba que la noticia no era nada buena.
—Está bien, entendido —respondió con una calma calculada, aunque la presión en su pecho era evidente. No dio más explicaciones y colgó con una decisión firme, c