Minutos antes...
Kaito y Murata se quedaron de pie, en silencio, mientras el eco de la última orden de Takeshi parecía seguir vibrando en las paredes.
“Quiero su cabeza. Aquí. Entre mis manos”.
El vendaje bajo la bata se alzaba y bajaba con respiraciones tensas, poco profundas.
Kaito fue el primero en hablar de nuevo.
—Oyabun… —dijo, con cuidado—. Hay otra cosa que debe saber.
Takeshi desvió la mirada de la ventana hacia él, con el ceño todavía fruncido.
—Habla.
Kaito abrió la boca, dudó un seg