Horas antes...
La noche seguía una disciplina distinta en la casa de Takeshi: las sombras se acomodaban donde él quería y las luces sólo iluminaban lo que convenía mostrar. En una sala alta, desde donde la residencia parecía un modelo de porcelana, Takeshi estaba de pie junto a una ventana de cristal que enmarcaba el jardín como si fuera un cuadro que se hubiera decidido observar hasta el fin. Llevaba un abrigo oscuro; la manga le cubría apenas la muñeca. A su alrededor, sus hombres se movían c