La luz del sol se filtraba a través de la ventanilla, proyectando destellos dorados sobre las sábanas blancas de la cama. Un suave pitido intermitente rompía el silencio, acompañado del murmullo lejano del personal de la clínica moviéndose por los pasillos. El aire tenía ese aroma inconfundible de hospital: una mezcla de desinfectante, látex y algo metálico.
Svetlana parpadeó lentamente, sintiendo su cuerpo pesado, como si hubiera dormido durante días. Sus pestañas se alzaron perezosas y lo pri